Wednesday, August 09, 2006

UNA LECTURA DE REFLEXIÓN

¡Hola lectores!
Antes que nada saludos, y muchas gracias por visitar nuestro espacio, ademas de participar dandonos su punto de vista hacerca de nuestras publicaciones; esta vez traemos para ustedes un articulo de mucha reflexión, en el que la responsabilidad y el amor hacia la vida juegan el papel principal. Esperamos sea de su agrado.


RESPONSABILIDAD PRESENTA :
El capitán
Y el capitán le dijo a la tormenta, tranquila que igual acabaremos todos mojados. Y la ciudad salió de un eterno cielo gris y la luz brillante y azul golpeo con fuerza contra vitrinas y cromados de coches. Por un momento el capitán no supo cómo reaccionar, pero al ver cómo había actuado la ciudad ante sus palabras o hechizos, cerró el maletín y empezó a andar sobre el pavimento todavía húmedo y oloroso de la lluvia. Aun no tenía trabajo, ni casa y su mujer hace tiempo que lo había olvidado. Pero con la tormenta que momentos, días y meses antes había caído sobre su cabeza había entendido que nadie tenía ninguna prisa por ahogarse.
Es así que una vez conjurada esta, vio el horizonte marino como una línea entre arriba y abajo, y con la mirada fija en esa línea de agua y cielo se sentó, colocó el maletín sobre el regazo y se rascó detrás de la oreja derecha. Seguidamente vio la hora y supo que esa noche no le tocaría ver el atardecer. Subió al primer bus que le llevaría a quien sabe donde, en el que desde hace unas horas, días o meses estaba viviendo y tuvo la certeza, en el mismo instante en que el aparato del bus hacía “tín” sobre su tarjeta de viajes, que el día siguiente valdría la pena. Aplazó el suicido indefinidamente y abrió en la página 158 el libro de Capitanes Intrépidos que por nosecuantas veces estaba leyendo.
El viaje se deslizó detrás suyo y se encontró en quien sabe donde en el que ahora vivía y se sintió que regresaba. Subió apresurado las gradas del edificio, que nunca contaba, y con su llave (su llave) abrió la puerta e ingresó. Ahora sí el día se apagaba y si subiría al último piso podría ver el atardecer, pero como sabía que esa noche no le tocaría verlo se quedó a escribir, algunas cartas y cosas diversas. Cuando la noche ya había irrumpido impulsiva por la ventana y el capitán tuvo que encender la lámpara si quería seguir viendo delante suyo, decidió que eso era todo por hoy y que quería dormir, además el día siguiente tenía entrevistas y más viajes de bus, y por lo tanto más Capitanes Intrépidos, así que durmió y soñó, aunque al día siguiente no recordara nada, soñó con su mujer que ya lo había olvidado de antes de ese olvido y de la tierra sin mar que él todavía recordaba, pero como no recordó el sueño, este no sirve para nada y pasa a un olvido más lejano que el olvido, porque nunca existió en la memoria del que soñaba. Quizás el día que comenzaba, con nuevas y diferentes tormentas en el fondo del mar (fondo de distancia no de profundidad) sería diferente o quizás seguiría igual. Pero había postergado el suicidio y le faltaban más páginas del libro que quería acabar y que podría volver a comenzar. Así que después de pensar en eso, todavía en la cama, se levantó, vistió, lavó afanosamente los dientes, y se dispuso a salir.
Aquí dejamos al capitán, en la puerta de la calle, de esta casa quien sabe donde, en la que ahora vive, para recibirlo nuevamente por la noche, después de habernos quedado a escribir cartas y cosas diversas por nuestra cuenta, y quizás esperando buenas noticias, que consiguió trabajo, que se muda de quien sabe donde a un lugar concreto, y que su mujer que ya lo ha olvidado a soñado anoche con él.
Llegan momentos en que el peso de la vida cae sobre tus hombros. Sientes la responsabilidad de buscar trabajo, estudiar, al final de cuentas hacer algo, y no responsabilidad por otras personas, sino por uno mismo, para no verte caer a un avismo.

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